El destiempo


El tiempo desapareció en el locker del Guest House en Neil Island. La humilde cabañita de bambú no tenia puerta, entonces las cosas importantes y no tan importantes, como el tiempo, fueron a parar al cubículo metálico negro llamado "caja de seguridad". Además del pasaporte, ahí también fue a parar el reloj con sus horas, días y meses.

Durante este tiempo no hubo mejor hora para despertarse que cuando se abrían los ojos. Mejor hora para comer que cuando el cuerpo me lo pedía. Y mejor momento para dormir que cuando el sueno llamaba a descansar. El reloj que debes en cuando espiaba estaba en el restaurante, a 2 o 3km de donde dormía.

Los días pasaron de manera anónima y sin orden alguno. Salvo las fechas importantes como el 21 de enero fueron registradas, pero poco puede hacerse sin la tecnología moderna que une los mundos. Sin la conexión satelital de estos tiempos la distancia tomo otra dimensión.
No podría decir que al tercer día hice esto o la 2da semana esto otro. Los hechos que se fueron sucediendo se encuentran aislados y despojados de un calendario. Nada agrega intentar ordenarlos y nada pierden por estar desordenados.

Al abrir los ojos y antes de desayunar me iba directo al mar para recordar que estaba en una isla de agua trasparente y arena blanca nieve. Luego al mercado a desayunar y charlar con algún que otro viajero. Para después perderme en alguna playa desolada para seguir bebiendo sol y leer un poco.

Hubo tardes en las que jugaba al voleyball con los isleños. Chicos, grandes. Equipos pares o impares. Jugadores buenos o malos. Hasta el turista que poco sabia de este deporte. Todos estaban invitados. Por momentos éramos 3, por momentos 12. Los jugadores pasaban, jugaban y algunos se quedaban mas que otros. El único objetivo era muy claro: divertirse. Otros días por la tarde armábamos partidos de fútbol entre extranjeros y locales.

Luego de cenar hubo noches con fuego en la playa. Otras con charlas en alguna cabaña vecina. Y hasta un casamiento hindú, que me invito el cocinero de donde solía ir a comer. Superfiesta colorida y un exquisito tali de comida. La ceremonia duro desde las 7 de la tarde hasta la media noche. Rituales tras rituales. Mucho saumerio, y toda la familia de ambas partes participaban.

Entre la segunda y tercer semana fui a conocer otra isla, Havelock. 3 dias y me volvi de donde venia. Al ser una isla mas grande era necesario usar un colectivo que te llevaba a las distintas playas. Extrañaba la bicicleta por lo que nos subimos al primer barco que volvia a Neil.

Fogones, snorkel, días largos en la playa, noches largas en la playa, charlas de nada, despedidas, viajeros y viajeras, bicicletadas, días, semanas y un mes paso. Lamentablemente entrar a este paraíso es fácil pero te expulsan a los 30 días. Y una vez superados los 33 días ya había caducado la permanencia legal en las islas. Tierra firme me esperaba.

A india continental entre por la misma puerta que había pasado hacia ya casi 7 meses. Como en aquel entonces del aeropuerto me fui directo a algún lugar mas tranquilo, esta vez a Pondicherry. Una región de india que había sido colonia francesa, y así lo deja ver las fachadas de las construcciones y algunos cafés con mucho glamour francés. A pesar de ser una ciudad costera no dejaba de ser ciudad. Por lo que la estadía no fue prolongada y cambie de planes para cruzar a la otra costa. Para pasar los últimos días en un lugar mas acorde a lo que quería. Ultimo bus nocturno a Bangalore y de ahí tres colectivos de linea para llegar al cabo de 24 horas a Om Beach. Hice lo posible por no dormir (por momentos lo logre), por disfrutar de las ultimas bocinas indias, los últimos arrancones de asientos, las ultimas terminales caóticas, las ultimas miradas curiosas y últimos frenazos que te levantan de un salto. Últimos...hasta la próxima por supuesto.

Los astros estaban alineados y pude tomarme el ultimo colectivo de linea hasta Gokarna, para ir en rickshaw a la playa que quería. Una vez ahí me encontré con dos amigas Argentinas que empezaban a viajar por esta parte del planeta.

Om Beach, para muchos podría ser un lugar tranquilo. De hecho lo es y muy hermoso. Pero mucho movimiento para lo que venia a buscar. Así que después de estar un par de noches me fui con la hamaca a otra playa que queda a una hora caminando. Puse en la mochila lo necesario...la hamaca y cepillo de dientes para irme a Half Moon. Ahí pase hasta el ultimo momento que el ticket de avión que tenia desde Delhi me dejaba. En compañía de Steven, Paloma, Marta y Sandra, representantes de Francia y España.

Nuevamente entre dos palmeras me volvía a despertar cada mañana. Esta vez desde la hamaca veía al mar y si me concentraba detrás del mismo veía la dirección a casa. Desde esta posición los vientos empezaron a soplar cada vez mas fuerte. Y como una vez un amigo me dijo que volvería cuando los vientos soplen en dirección a occidente, la profecía se cumplió. En unos días estaría en Delhi para pasar la noche y viajar a Barcelona, el camino a casa es inminente.




Palmeras, arena y mar. Una cancion que se canta sola.









Todo en orden, como siempre







Buscando cabana con Nethan, Ughi, Ifat y Noa.








Sanjoy y sus hermanos.





Con los pies en la tierra






En el resstaurante con yaval





El mercado







Desde el barco de vuelta a Port Blair





Un desayuno mas en Port Blair, antes de partir a tierra firme






Un hombre mirando a occidente.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Alta frase que denota equilibrio, ése que tanto cuesta alcanzar en esta locura de Baires : "Durante este tiempo no hubo mejor hora para despertarse que cuando se abrían los ojos. Mejor hora para comer que cuando el cuerpo me lo pedía. Y mejor momento para dormir que cuando el sueno llamaba a descansar."

Blog Earty Patlisia dijo...

c'est super

Blog Earty Patlisia dijo...

c'est super